LA MODA, LAS MARCAS Y EL ARTE: LA LLEGADA DE PUMA LAB AL GAM

Recuerdo años atrás, una discusión acerca de la diferencia entre el arte y la artesanía, dos jóvenes casi llegando a los golpes mientras tramaban en argumentos como desarmar a su rival. Finalmente acordaron que la artesanía tenía un fin utilitario (decoración, utensilios de la vida cotidiana, etc) además de ser una creación en serie, mientras que el arte era una manifestación de la sociedad o el proceso interno del artista cuyo único fin era la existencia por sí misma.


Cada uno se fue a su casa pensando tener la convicción de haber resuelto años de discusiones teóricas, sin embargo, con tales clasificaciones la moda no entraba en ninguna de aquellas clasificaciones. La moda, la ropa y su proceso parece estar fuera de estos circuitos: cercana a la artesanía en su confección, utilitarismo y reproducción, pero coqueteando con el arte por la presentación de un proceso creativo y una puesta en escena que marca una experiencia. ¿Puede ser arte algo que es comercial y posible de reproducir en serie? Warhol ya había puesto en duda esta idea, se había impuesto entre las tendencias artísticas de la época como un referente con sus imágenes de sopas y alusiones a la cotidianeidad llena de lujo, desenfreno y consumo. Y tal vez fue ese el logro más grande que tuvo Warhol en el mundo del capitalismo desenfrenado que empezaba a generarse en aquel entonces: convertir el arte en un elemento comercial y decorativo; y crear una imagen donde el artista podía convertirse también en una celebridad. Ya dado los primeros pasos de discusión y con Warhol en el camino, que la moda fuese reconocida como arte era cosa de tiempo, incluso fue el mismo Warhol quien retrató a Carolina Herrera y ésta, en agradecimiento, creó su tan cotizado bolso “Andy” uniendo ambos mundos que ahora eran parte de uno sólo en medio de la vorágine del pop.

Si bien fueron muchos los pasos en el camino, y muchos los diseñadores que expusieron en museos (Yves Saint Lauren en 1983 en New York, por ejemplo) la moda y el arte sólo se vieron instaurados como maquinaria de consumo cuando Giorgio Armani en el 2000 llega al museo de Guggenheim de NY y más tarde al de Bilbao conmemorando sus 25 años (1) haciendo entrar los vestidos, las colecciones completas de su moda al lugar que define por esencia el arte: El museo. Fue un caso bullado y llena de polémicas pues fue el mismo Armani quien financió la muestra. Pero la experiencia se repite años más tarde con otro creador que intentó poner en escena testimonios de su personalidad pero también representar la sociedad en la que vivía: Alexander Mcqueen. Este diseñador había devuelto años antes el sentido de la moda como arte con increíbles confecciones que traspasaban el límite de la utilidad, convirtiendo sus desfiles en verdaderas perfomance, más orientadas al teatro que a un simple desfile y con trajes escultóricos e imposibles. Sin embargo Mcqueen en el 2010 decide suicidarse y acabar con estas verdaderas obras maestras que construyó durante su existencia. Fue tal el talento de la confección y la imaginación artística de McQueen que en el 2011 es ovacionado con una presentación póstuma en el MOMA de New York que no sólo fue aplaudida por críticos, si no también por un record de visitantes: La moda ahora no sólo era un arte reconocido, sino también un arte de consumo masivo.

Sin embargo, algunos diseñadores no sólo han peleado contra viento y marea por ser reconocidos como artistas y que su trabajo se nombre como arte, éstos también han incluido el arte como inspiración, cuya mayor crítica ha sido el dilema de convertir el arte en artesanía por medio de transformarlo en utilitario. Es así como Yves Saint Laurent utilizó la composición geométrica de Mondrian en la colección otoño invierno de 1966 pues comprendía y admiraba al autor en su estilo casi arquitectónico de composición artística. En casos más recientes fue el llamado de la ilustradora Marcela Gutierrez por parte de Prada para transformar 2 de sus tiendas en verdaderas salas de exposiciones que mezclan el lujo y la moda de esta temporada con los pinceles, incluyendo la pintura dentro del cambiante mundo de la moda de manera tan grande que no se sabe cuáles son los límites entre el consumo cultural y el consumo de productos. (2).

Sin embargo, la moda ha buscado también la innovación en el arte, incluyendo el uso de nuevas tecnologías y el reconocimiento oficial de actividades que el mismo mundo del arte ha tenido resistencias de incluir. Uno de ellos es el graffiti, que en el 2001 incluyó Louis Vuitton y que en 2011 retoma Hermés con una intervención del grafitero Kongo no sólo en una vitrina, si no que en una completa línea de pañuelos de seda que fueron supervisados por la directora artística Bali Barret (3). Un ejemplo más cercano de reconocimiento a nuevas manifestaciones artísticas es el de la artista visual chilena Mónica Bengoa, quien trabajó para la vitrina de Louis Vuitton Paris el 2010. Reconocida en el mundo entero por la búsqueda de nuevos materiales, Mónica fue sólo una de las participantes en esta especie de exposición llamada Chili: L’enverse du Décor (traducido como “Chile: La Otra Cara de la Moneda”), creando un nuevo punto de encuentro y conflicto, al convertir la tienda, el espacio del capital por excelencia, en un espacio de arte, en un museo, donde el arte se vuelve utilitario y su nacimiento corresponde a un fin justificado y de consumo lejos del nacimiento del “arte por el arte”. Mónica creó un paño de fieltro que busca el contraste entre la creación artesanal y el lujo de la tienda, entre lo cercano del fieltro y el frío y distante cuero y metal tan característico de la marca, mezclando los productos con su propia creación generando una instalación que tiene lógica sólo en su conjunto, es decir, no se podría separar aquel arte de la marca en sí misma: La marca se ha transformado en parte del mismo arte. (4)

Así entonces, las marcas de la moda parecen convertirse en los mecenas post modernos del arte contemporáneo, una especie de refugio económico para nuevas manifestaciones y experimentaciones, lo que no es un hecho menor si pensamos que muchas veces la tecnología se convierte cada vez más en un espacio de interacción con el arte, la cual necesita recursos económicos para su ejercicio, que las grandes marcas pueden aportar. En Chile esta mezcla de marcas y arte se podrá ver cuando PUMA abra el primer PUMA LAB del mundo, una tienda unida a un laboratorio para artistas. Si bien para muchos esta mezcla y colaboración resulta extraña, habrá que juzgar los resultados que de aquí salgan para formarnos una idea, después de todo el arte y la moda, el arte y las marcas parecen transitar cada vez por caminos más cercanos. Por ahora sólo nos queda esperar. Les dejó el video promocional.

NOTAS.

(1) Guillaume Erner (2004). “Víctimas de la Moda: Cómo se crea, por qué la seguimos”. Editorial Gustava Gili (en Contrapunto)

(2) Marcela Gutierrez. “Cada proyecto es un reto” en Anormal Mag http://www.anormalmag.cl/entrevistas/marcela-gutierrez/ (4/11/2011)

(3) “Hermès by Kongo” en El Fashionista http://elfashionista.net/2011/10/20/hermes-by-kongo-graffiti-deluxe/ (20/10/2011)

(4) Verónica San Juan: “En la Vitrinia de Louis Vuitton”. En Revista Mujer del 1/02/2010 http://latercera.com/contenido/737_226723_9.shtml

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A ver... y usted que opina??? Comente pues !!!!

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